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02 noviembre 2011

Y ahora ni sombra soy (8)

Dicen que uno no sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido, y el Día de muertos no es la excepción.  Bueno, “perdido” no es el término correcto, porque se sigue celebrando en México; pero estando a kilómetros de distancia, creo que uno percibe muchas diferencias culturales a las que jamás había puesto atención porque eran las “normales”.
En Francia, por ejemplo, la muerte es algo muy serio. Uno no bromea con la muerte, uno no recuerda a la gente que va a morir, uno no se toma la muerte a la ligera, etc. Si la muerte tuviera un color, aquí sin duda sería el negro, por su seriedad, tristeza, connotación negativa, dolor…. Y es que basta con darse una vuelta por los cementerios para entender ese miedo que tiene la gente de una etapa obligatoria y que inevitablemente va a llegar (a excepción que seas el Sr. Burns y te congeles).
Los últimos días decidí ir a recorrer los 3 cementerios principales de París: Montparnasse, Montmarte y Pere Lachaisse.
Aquí debo hacer un paréntesis para decir que nunca he sido fan de los cementerios, creo que en toda mi vida he pisado 4 o 5 (contando los que he visitado recientemente).
¿Qué tiene que ver todo esto con el día de muertos? Mucho, porque uno se da cuenta del traslado de esas ideas “nonosvamosamorirsomosinmortales” de los franceses por las tumbas de los cementerios.
Lo primero que me llamo la atención es que un gran porcentaje de las tumbas están abandonadas. Pero bueno, eso no es de sorprenderse, porque incluso en México sucede. Sin embargo, lo impactante es que las tumbas más descuidadas y a las que nadie les hace caso son en su mayoría las tumbas más grandes del Panteón. Por ejemplo, me tocó ver la tumba de un Marqués al que le habían construido una tumba gigante, que de altura no medía menos de 3 metros. ¿Y saben qué? Estaba sola. Si, también es importante decir que se murió a finales del siglo XIX. Pero mientras estaba contemplando la tumba en cuestión, no podía evitar preguntarme: ¿No hubiera podido hacer algo mejor con su dinero? Y es que ya no se si me dan risa o lástima las tumbas gigantes o lujosísimas Por ejemplo, había otra que era de puro mármol. Una más que hasta una fuente tenía, etc. Etc. Etc.  Como si el lujo de su tumba los colocara en un nivel superior al resto de los muertos… Me dan ganas de gritar “¡Estás muerto! Igual que el de la tumba simplona de cemento al lado”.  Ponerle letras en oro, una estatua súper complicada u atracciones hidráulicas no va a revivirlo.
Además, me sorprendió mucho que las tumbas de personajes “importantes” eran las más simples. Por ejemplo, la tumba de Julio Cortázar no mide más de 1m2  y además la comparte con otro muerto. La de Jean Paul Sarte y Simone de Beauvoir es indistinguible, a menos que lleves un mapa, etc.  Y así podría seguir con la de Jim Morrison, Victor Hugo, etc. Son tumbas simples,  sin embargo siempre están llenas de flores, recados, recuerdos… Quizá su tumba refleje su opinión a la muerte, algo inevitable y que en lugar de preocuparse por ello en vida, deberíamos utilizarlo como motor para ser mejores. Quizás son tumbas simples, porque reflejan la poca importancia que tiene su cuerpo físico, cuando lo mejor que hicieron, lo hicieron en vida. No necesitan construir una fortaleza de cemento, porque incluso si alguien roba su cuerpo, no pueden robar lo mejor que fue su obra y que forma parte de nuestra cultura general. No necesitamos un cuerpo al cual rendirle tributo para continuar disfrutando eso.
Y bueno, después de esta breve reflexión producto de los panteones, les dejo una foto que amé. La tomé en el cementerio de Montmarte y no podría estar más de acuerdo con la frase.
"Apurémonos a vivir, antes que la muerte nos atrape"



¡A vivir!
Publicado por Jean Genie en 3:34 0 comentarios
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Etiquetas: celebraciones a la muerte, Cementerios, cultura, día de muertos, Entre pulques cervezas y vinos, francia, Jean Paul Sartre, mexico, México, Pau, religión, surrealismo

19 octubre 2011

"A mi lo que más me gusta del pulque, son sus múltiples sabores"


Hablar del Pulque, Tequila o Mezcal siempre me pone en aprietos. Las razones son simples: No soy una amante de la degustación de bebidas alcohólicas (para mí el alcohol sirve para emborracharse y ya), lo que conlleva a que todo el alcohol del mundo me sabe igual.

Ok puritanos y defensores de las tardes con “queso y vino”, o del “cada plato lleva su bebida específica”… Este es el momento en el que se indignan. Pero lo siento, si de degustar se trata, siempre he preferido las bebidas muy dulces; y dentro del alcohol no es la excepción.

Por muchos años me negué a probar el pulque, porque si de por si el tequila y el mezcal son muy fuertes para mí, yo pensaba que el pulque me iba a destrozar el estomago de por vida. Pero no fue así.

He aquí la bella historia de cómo fue que me enamoré de esta bebida:

Una mañana platicando con unos amigos salió el tema del pulque. Yo comenté que jamás lo había probado y que había muchos rumores al respecto que tampoco me animaban a hacerlo (que si se fermentaba con excremento, que si sabía muy mal, etc. ) Ellos sorprendidos, me dijeron que el día que fueran a una pulquería me llevarían para que opinara con la “debida experiencia”. Y pues como dice el dicho, “a quién le dan pan que llore”, acepté.

Pasaron las semanas,  y por fin llego el día prometido. Después de dar muchas vueltas por el Centro de la Ciudad de México, recordarle su mamá a unos cuántos camioneros, esquivar a los peatones kamikazes y encontrarse a uno que otro policía dormido, llegamos a un establecimiento que de haber ido sola, seguramente habría pasado por alto. Un viejo letrero que establecía que ahí “Estaban prohibidas las viejas”.

En el preciso momento en el que metí un pie en el establecimiento, hubiera jurado que me trasladaron a otra época. La decoración, la música, el ambiente… Sólo me faltaban mis trenzas, mi fusil y ¡”Ámonos para la Guerra Cristera!”

Mis amigos pidieron cada uno un pulque al natural. Pero como yo sospechaba que eso seguramente no iba a gustarme, decidí pedir uno de fresa.

Cuando el mesero vino, nos trajo la que en otros tiempos la famosa “bebida de los dioses” en unos tarritos de barro muy simpáticos. Cada uno tenia refranes, muy culturales por cierto. Otros sacaban al macho mexicano revolucionario tipo “vieja tu quédate en la cocina que sólo para eso sirves”. Pero lo importante era el contenido.

Antes de probar el mío, mis amigos me dijeron que probara el natural.  En resumen, el sabor y la textura es por mucho de las cosas más asquerosas que he probado en mi vida.  Supongo que por algo decía en la entrada que las féminas no estaban admitidas. Pero el mío, que tenía mucha más dulzura me encantó. Tanto, que hasta tengo en mi “Lista de Cosas por hacer antes de que muera”, probar todos los sabores existentes del pulque, omitiendo OBVIAMENTE el natural.

Platicando después con personas conocedoras del tema (entiéndase mis amigos los alcohólicos), me criticaban que el pulque original es el natural, que los saborcitos no contaban, etc. Personalmente, creo que siempre es bueno tener una referencia en cuanto a sabor, como en el caso del pulque puro, pero que eso no debería impedir a la gente de degustar otras variedades.

Tristemente, hoy en día los jóvenes se interesan más por las bebidas de moda con nombres extranjeros o provocativos, que por aquellas que nacen de nuestra cultura.  El pulque forma parte de ellas, y ofrece una variedad para todo tipo de paladares.  Pero los lugares que los ofrecen cada día se vuelven más exóticos y raros, dada la baja afluencia de visitas que reciben.

¡No dejemos que esta tradición caiga! ¡Arriba las pulquerías!
Publicado por Jean Genie en 11:08 1 comentarios
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Etiquetas: comida mexicana, cultura, Entre pulques cervezas y vinos, Pau

17 octubre 2011

Tlachiquero de palabras

 

La vida está llena de ciclos que se abren y cierran sin un calendario universal. Existen ciclos de producción, ciclos de crecimiento, ciclos de aprendizaje, ciclos de maduración, ciclos creativos, ciclos educativos, entre otros. A donde volteemos encontraremos ciclos, iniciando o terminando, empalmados o solitarios, independientes o comunales, los ciclos son una constante de la vida, y sobre todo de nuestra forma de percibir e interactuar con la vida.

La Pulquería cumplió un ciclo, tuvo un inicio y fue creciendo con el tiempo. Ese ciclo inicial se cerró, pero no significó la desaparición de este espacio, todo lo contrario, era necesario cerrar el primer ciclo para dar paso a las “mejoras” o mejor dicho las nuevas ideas y la frescura que pretende traer este nuevo ciclo.

¿Por qué pulquería? ¿Qué hace del pulque y del lugar en el que se vende un concepto interesante para llamar así a un blog?

313887_208063842581973_171833632871661_534435_2204649_n Al pulque se le ha relegado por considerarse una bebida insalubre cuyo consumo se considera propio de los estratos más bajos de nuestra sociedad. Las pulquerías han sufrido de una persecución de las autoridades desde la colonia hasta la fecha. La venta de pulque suele ser castigada con impuestos, así se fue acabando con toda una tradición y borrando parte de nuestra cultura: la cultura del pulque. No sé si en verdad sea una industria perseguida de forma injusta o si existe una justificación válida. Lo que sé es que nunca es bueno minar la historia cultural de una nación y el que una industria de cientos de años se encuentre en un estado tan deplorable da mucha tristeza.

En una actualidad mexicana en la que podemos hablar de los 35 millones de mexicanos que reciben menos de nueve años de educación; de los 400 mil mexicanos que cada año buscan una oportunidad fuera del país, las 15,273 personas que murieron en el 2010 por el crimen organizado (sin mencionar los que van en el 2011 ni el total de vidas que ha tomado la “guerra” contra el narco); de los descensos de México en competitividad, educación y transparencia; es válido hablar de una industria cuya producción ha bajado en un 95% en los últimos años. Es loable regresar a las raíces y desde esa trinchera abrir un espacio en el cual incentivar el diálogo, el debate, la crítica, la creación y la creatividad.

El pulque, como todo, tiene diversos ciclos. Tuvo un ciclo de gran consumo, de bebida nacional. Tiene un ciclo de producción. Como cualquier producto tiene un ciclo de vida, con altibajos como cualquier otro ente. El ciclo del pulque parece haber terminado. En sus inicios el pulque era una bebida reservada para la aristocracia mexica, llamada “la bebida de los dioses” tenía múltiples vínculos místicos y propósitos religiosos. Durante la colonia, con la importación de otros tipos de licores, los españoles intentaron acabar con el pulque, al no poder bajar el consumo de pulque optaron por ponerle un impuesto para poder lucrar con su consumo. Durante muchos años fue la bebida más popular en México, representaba para el pueblo mexicano lo que la cerveza es en estos años: la bebida del pueblo. En el porfiriato volvieron a intentar acabar con el Pulque, por no ser una bebida refinada y europea. Después de la revolución mexicana el proceso contra el pulque continuó con campañas de difamación, gritos de insalubridad y vinculando al Pulque con las clases más bajas y las peores costumbres. De forma paralela la cerveza fue llenando el hueco del Pulque.

images La producción de esta curiosa bebida nos habla de un ritual enlazado con la cultura del pulque y las tradiciones heredades desde la era prehispánica. El maguey es la base de todo, el maguey, junto al maíz, era un pilar de la vida en el México prehispánico, cuando la planta está madura se le arranca el corazón y se raspan sus paredes hasta lograr una cavidad, de la que manará el aguamiel (sin fermentar es una deliciosa bebida sulce) de las pencas durante un periodo que va de tres a seis meses. El tlachiquero (raspador) es el encargado de raspar el maguey y de extraer el aguamiel por medio de succión con un acocote (un tipo de calabaza larga), dos o tres veces al día. Deposita lo extraído en una botija o pellejo (cuero de pulque), para después vaciarlo en el tinacal, donde se fermenta. Una vez fermentado, el aguamiel, se convierte en octli o pulque. Así es el proceso, muy simplificado, de producción de pulque.

Habiendo pasado por la historia del pulque y su producción podemos saltar hacia el lugar en donde se vende: Las Pulquerías. El concepto de Pulquería es muy sencillo, una definición te dice que es un “establecimiendo comercial en el que se vende y se consume pulque, y a veces también alimentos.” (DEM). Pero cualquier definición se queda corta en su intento de definir una pulquería.

Las pulquerías eran centros de recreación. Las principales características de las pulquerías eran: la camaradería; el humor del que atiende; los músicos que acompañan a los comensales, guitarras, arpas y más; los juegos, rayuela, dados y la baraja española; tortillas acompañando un molcajete con una salsa intratable, sólo para los valientes; nombres curiosos representativos del humor y la creatividad mexicana, “Sal si puedes”, “No mas no llores”, “Al pasito pero llego”, “El recreo de los de enfrente” (existió por muchos años frente al antiguo Senado en la calle de Donceles); consejos y refranes en las paredes, “Si tomas para olvidar paga primer antes de tomar”, “aunque sea una hora a pata nunca está lejos la pulcata”, “vayan entrando, vayan pidiendo, vayan pagando, vayan saliendo” y en algunas también murales o pinturas de paisajes campiranos en las paredes. Éstos pintorescos locales se extendieron en la Cd. de México al grado que se decía que había uno en cada calle.

Así como las pulquerías de antaño la idea, en este blog, es ser un centro de diversión, reunión, discusión, reflexión; un lugar en el cual se compartan ideas, opiniones, posturas, visiones; perspectivas de nuestra realidad, de México, del mundo, de la vida. Quiero que la gente disfrute al son de nuestras palabras y que de vez en cuando decidan acompañar su pulque de cada día con una salsa llena de ideas picantes, de las que no son fáciles de digerir.

La invitación está hecha para cada lunes visitarme en esta pulquería en la que estaré como un tlachiquero raspando el maguey del lenguaje y las ideas, para obtener ese dulce néctar de palabras cuya fermentación nos entregará textos, narraciones y reflexiones, semana tras semana para verter en el tinacal de La Pulquería.

Twitter: CorvusPhil

Publicado por Unknown en 9:22 1 comentarios
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Etiquetas: Christian Guerrero, Corvus, cultura, historia, México, Pulque, pulquería, Tlachiquero de palabras, tradición
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