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Pulquería Electoral

Hasta el 1° de Julio estaremos hablando de política, elecciones y cosas peores.

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19 octubre 2011

"A mi lo que más me gusta del pulque, son sus múltiples sabores"


Hablar del Pulque, Tequila o Mezcal siempre me pone en aprietos. Las razones son simples: No soy una amante de la degustación de bebidas alcohólicas (para mí el alcohol sirve para emborracharse y ya), lo que conlleva a que todo el alcohol del mundo me sabe igual.

Ok puritanos y defensores de las tardes con “queso y vino”, o del “cada plato lleva su bebida específica”… Este es el momento en el que se indignan. Pero lo siento, si de degustar se trata, siempre he preferido las bebidas muy dulces; y dentro del alcohol no es la excepción.

Por muchos años me negué a probar el pulque, porque si de por si el tequila y el mezcal son muy fuertes para mí, yo pensaba que el pulque me iba a destrozar el estomago de por vida. Pero no fue así.

He aquí la bella historia de cómo fue que me enamoré de esta bebida:

Una mañana platicando con unos amigos salió el tema del pulque. Yo comenté que jamás lo había probado y que había muchos rumores al respecto que tampoco me animaban a hacerlo (que si se fermentaba con excremento, que si sabía muy mal, etc. ) Ellos sorprendidos, me dijeron que el día que fueran a una pulquería me llevarían para que opinara con la “debida experiencia”. Y pues como dice el dicho, “a quién le dan pan que llore”, acepté.

Pasaron las semanas,  y por fin llego el día prometido. Después de dar muchas vueltas por el Centro de la Ciudad de México, recordarle su mamá a unos cuántos camioneros, esquivar a los peatones kamikazes y encontrarse a uno que otro policía dormido, llegamos a un establecimiento que de haber ido sola, seguramente habría pasado por alto. Un viejo letrero que establecía que ahí “Estaban prohibidas las viejas”.

En el preciso momento en el que metí un pie en el establecimiento, hubiera jurado que me trasladaron a otra época. La decoración, la música, el ambiente… Sólo me faltaban mis trenzas, mi fusil y ¡”Ámonos para la Guerra Cristera!”

Mis amigos pidieron cada uno un pulque al natural. Pero como yo sospechaba que eso seguramente no iba a gustarme, decidí pedir uno de fresa.

Cuando el mesero vino, nos trajo la que en otros tiempos la famosa “bebida de los dioses” en unos tarritos de barro muy simpáticos. Cada uno tenia refranes, muy culturales por cierto. Otros sacaban al macho mexicano revolucionario tipo “vieja tu quédate en la cocina que sólo para eso sirves”. Pero lo importante era el contenido.

Antes de probar el mío, mis amigos me dijeron que probara el natural.  En resumen, el sabor y la textura es por mucho de las cosas más asquerosas que he probado en mi vida.  Supongo que por algo decía en la entrada que las féminas no estaban admitidas. Pero el mío, que tenía mucha más dulzura me encantó. Tanto, que hasta tengo en mi “Lista de Cosas por hacer antes de que muera”, probar todos los sabores existentes del pulque, omitiendo OBVIAMENTE el natural.

Platicando después con personas conocedoras del tema (entiéndase mis amigos los alcohólicos), me criticaban que el pulque original es el natural, que los saborcitos no contaban, etc. Personalmente, creo que siempre es bueno tener una referencia en cuanto a sabor, como en el caso del pulque puro, pero que eso no debería impedir a la gente de degustar otras variedades.

Tristemente, hoy en día los jóvenes se interesan más por las bebidas de moda con nombres extranjeros o provocativos, que por aquellas que nacen de nuestra cultura.  El pulque forma parte de ellas, y ofrece una variedad para todo tipo de paladares.  Pero los lugares que los ofrecen cada día se vuelven más exóticos y raros, dada la baja afluencia de visitas que reciben.

¡No dejemos que esta tradición caiga! ¡Arriba las pulquerías!
Publicado por Jean Genie en 11:08 1 comentarios
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Etiquetas: comida mexicana, cultura, Entre pulques cervezas y vinos, Pau

18 octubre 2011

Mayáhuel

¿Qué sería de nosotros sin nuestras raíces? Nuestras vidas serían diferentes si dos mundos no hubieran chocado ya hace muchos años y sin duda, en lo personal, no puedo imaginar mi vida sin esas raíces prehispánicas. Quizá no sea tan obvio para muchas personas, porque al final, es cierto…hablamos más idiomas latinos o germánicos antes de hablar cualquier dialecto de nuestro propio país (lo cual tampoco significa que no nos interese) o adoptamos muchas costumbres provenientes del viejo continente antes de preservar las propias de nuestra cultura.






La primera plática que tuvimos los iniciadores de este blog fue muy interesante pese a la distancia física que se interpone entre nosotros; ya que expusimos varias ideas que al final se concretaron en una muy simple: (como ya lo decía Chris anteriormente) queríamos un espacio en el que pudiéramos exponer diferentes temas. Sin embargo, no fue suficiente con tener ese espacio, debíamos de tener un referente que significara algo único y que nos representara a todos por igual, aún estando en etapas distintas, en países o estados distintos. Así fue como pensamos en establecer algún término típicamente mexicano y que al mismo tiempo representara ese espacio dónde se pudiera platicar sin mayor preocupación. Así fue como se llegó a la palabra: Pulquería.






Históricamente, Chris ha logrado exponer maravillosamente la importancia de las pulquerías en nuestro país, pero en un nivel más personal, debo confesar-penosamente- que nunca he entrado a una, como tampoco he probado el pulque y hasta hace unos meses tampoco tenía mucha idea de la importancia de estos lugares. No fue hasta que nuestro querido Leo nos visitó en la Ciudad de México, y aprovechando sus ánimos de conocer algunos lugares abordamos el tranvía que nos llevó al famoso tour de cantinas por el centro histórico. Fue toda una experiencia, desde el comienzo del recorrido hasta vagar por las calles solitarias del centro a altas horas de la noche en un día entre semana.






Lo que más nos impactó fue que esa noche el guía nos hizo notar un error fundamental en la decisión de nombrar el blog de esta manera y que nosotros pasamos por alto: en las pulquerías no se admitía la presencia de las mujeres. ¡Oh-oh! Y justo en ese tiempo éramos más mujeres que hombres participando en el blog. Pero bueno, con el paso del tiempo y gracias a la inclusión de las mujeres en los roles sociales y políticos del país, las mujeres comenzamos a incursionar en territorios previamente considerados masculinos, por lo que el nombre del blog no fue, al final, del todo incorrecto.






Actualmente en varias de las pulquerías de nuestro país, se mantienen letreros que señalan que ‘no se permiten mujeres’, como recordatorio de aquella vieja costumbre, pero siempre desafiados por valientes féminas que se atreven, aún hoy, a pararse frente a la barra y ordenar un tarro de pulque.






Así fue como me dio curiosidad saber más sobre las pulquerías en México y comencé a leer al respecto. Grande fue mi sorpresa al descubrir que se hacía referencia a una diosa mexica, la cual cuenta con una historia maravillosa (como muchos de los dioses mexicas) y que da origen al pulque y que a continuación relato.






Mayáhuel fue una joven que vivía con su abuela quien era tzintzimitl (estrellas que buscaban impedir la salida del sol); mientras tanto Ehécatl-Quetzalcóatl, embebido con la belleza de la joven, la convence de bajar a la tierra con él y de esta manera amarse y convertirse en un árbol de dos ramas. La desgracia ocurre cuando la abuela se entera de la desaparición de Mayáhuel, lo cual provoca su ira y es así como decide mandar a sus compañeras tzitzimime para matarlos. Sin embargo, Quetzalcóatl sobrevive y rescata los restos de la joven y los entierra. De dichos restos, brota la primera planta de maguey de la que se extrae el pulque; a partir de ahí la bebida se convierte en la ofrenda para los dioses en las ceremonias religiosas importantes. Mayáhuel por tal motivo se convierte en la diosa lunar del maguey y se relacionaba así mismo con la fertilidad. De la misma manera, fue asociada con la mala suerte, ya que en la cosmogonía mexica representa la embriaguez.







Muchas veces no nos damos cuenta de cuánta influencia podemos llegar a tener de nuestras raíces prehispánicas; sin embargo están latentes en nuestro lenguaje, en las ‘frases domingueras’ o ‘de abuelita’, en todos los remedios caseros y hasta en algunas de nuestras supersticiones. Fue así como me pareció importante hacer mención a esta diosa mexica, que si bien es una leyenda, se concibe como parte histórica de algo tan importante como el pulque.







Así pues los invito todas las semanas a darse una vuelta a esta Pulquería y leer los 5 puntos de vista tan diferentes que tenemos y que complementan ricamente nuestras experiencias. Por mi parte, prometo ir a una Pulquería de verdad y probar el Pulque para poder honrosamente decir que soy una pulquera completa.



Twitter: @labruja_cosmica









P.D Agradezco a @pichikamonster por su ayuda en este y todos los textos que escribo.

Publicado por Bex en 10:08 0 comentarios
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Etiquetas: Bex, Los desvaríos de Mayáhuel, Pulque

17 octubre 2011

Tlachiquero de palabras

 

La vida está llena de ciclos que se abren y cierran sin un calendario universal. Existen ciclos de producción, ciclos de crecimiento, ciclos de aprendizaje, ciclos de maduración, ciclos creativos, ciclos educativos, entre otros. A donde volteemos encontraremos ciclos, iniciando o terminando, empalmados o solitarios, independientes o comunales, los ciclos son una constante de la vida, y sobre todo de nuestra forma de percibir e interactuar con la vida.

La Pulquería cumplió un ciclo, tuvo un inicio y fue creciendo con el tiempo. Ese ciclo inicial se cerró, pero no significó la desaparición de este espacio, todo lo contrario, era necesario cerrar el primer ciclo para dar paso a las “mejoras” o mejor dicho las nuevas ideas y la frescura que pretende traer este nuevo ciclo.

¿Por qué pulquería? ¿Qué hace del pulque y del lugar en el que se vende un concepto interesante para llamar así a un blog?

313887_208063842581973_171833632871661_534435_2204649_n Al pulque se le ha relegado por considerarse una bebida insalubre cuyo consumo se considera propio de los estratos más bajos de nuestra sociedad. Las pulquerías han sufrido de una persecución de las autoridades desde la colonia hasta la fecha. La venta de pulque suele ser castigada con impuestos, así se fue acabando con toda una tradición y borrando parte de nuestra cultura: la cultura del pulque. No sé si en verdad sea una industria perseguida de forma injusta o si existe una justificación válida. Lo que sé es que nunca es bueno minar la historia cultural de una nación y el que una industria de cientos de años se encuentre en un estado tan deplorable da mucha tristeza.

En una actualidad mexicana en la que podemos hablar de los 35 millones de mexicanos que reciben menos de nueve años de educación; de los 400 mil mexicanos que cada año buscan una oportunidad fuera del país, las 15,273 personas que murieron en el 2010 por el crimen organizado (sin mencionar los que van en el 2011 ni el total de vidas que ha tomado la “guerra” contra el narco); de los descensos de México en competitividad, educación y transparencia; es válido hablar de una industria cuya producción ha bajado en un 95% en los últimos años. Es loable regresar a las raíces y desde esa trinchera abrir un espacio en el cual incentivar el diálogo, el debate, la crítica, la creación y la creatividad.

El pulque, como todo, tiene diversos ciclos. Tuvo un ciclo de gran consumo, de bebida nacional. Tiene un ciclo de producción. Como cualquier producto tiene un ciclo de vida, con altibajos como cualquier otro ente. El ciclo del pulque parece haber terminado. En sus inicios el pulque era una bebida reservada para la aristocracia mexica, llamada “la bebida de los dioses” tenía múltiples vínculos místicos y propósitos religiosos. Durante la colonia, con la importación de otros tipos de licores, los españoles intentaron acabar con el pulque, al no poder bajar el consumo de pulque optaron por ponerle un impuesto para poder lucrar con su consumo. Durante muchos años fue la bebida más popular en México, representaba para el pueblo mexicano lo que la cerveza es en estos años: la bebida del pueblo. En el porfiriato volvieron a intentar acabar con el Pulque, por no ser una bebida refinada y europea. Después de la revolución mexicana el proceso contra el pulque continuó con campañas de difamación, gritos de insalubridad y vinculando al Pulque con las clases más bajas y las peores costumbres. De forma paralela la cerveza fue llenando el hueco del Pulque.

images La producción de esta curiosa bebida nos habla de un ritual enlazado con la cultura del pulque y las tradiciones heredades desde la era prehispánica. El maguey es la base de todo, el maguey, junto al maíz, era un pilar de la vida en el México prehispánico, cuando la planta está madura se le arranca el corazón y se raspan sus paredes hasta lograr una cavidad, de la que manará el aguamiel (sin fermentar es una deliciosa bebida sulce) de las pencas durante un periodo que va de tres a seis meses. El tlachiquero (raspador) es el encargado de raspar el maguey y de extraer el aguamiel por medio de succión con un acocote (un tipo de calabaza larga), dos o tres veces al día. Deposita lo extraído en una botija o pellejo (cuero de pulque), para después vaciarlo en el tinacal, donde se fermenta. Una vez fermentado, el aguamiel, se convierte en octli o pulque. Así es el proceso, muy simplificado, de producción de pulque.

Habiendo pasado por la historia del pulque y su producción podemos saltar hacia el lugar en donde se vende: Las Pulquerías. El concepto de Pulquería es muy sencillo, una definición te dice que es un “establecimiendo comercial en el que se vende y se consume pulque, y a veces también alimentos.” (DEM). Pero cualquier definición se queda corta en su intento de definir una pulquería.

Las pulquerías eran centros de recreación. Las principales características de las pulquerías eran: la camaradería; el humor del que atiende; los músicos que acompañan a los comensales, guitarras, arpas y más; los juegos, rayuela, dados y la baraja española; tortillas acompañando un molcajete con una salsa intratable, sólo para los valientes; nombres curiosos representativos del humor y la creatividad mexicana, “Sal si puedes”, “No mas no llores”, “Al pasito pero llego”, “El recreo de los de enfrente” (existió por muchos años frente al antiguo Senado en la calle de Donceles); consejos y refranes en las paredes, “Si tomas para olvidar paga primer antes de tomar”, “aunque sea una hora a pata nunca está lejos la pulcata”, “vayan entrando, vayan pidiendo, vayan pagando, vayan saliendo” y en algunas también murales o pinturas de paisajes campiranos en las paredes. Éstos pintorescos locales se extendieron en la Cd. de México al grado que se decía que había uno en cada calle.

Así como las pulquerías de antaño la idea, en este blog, es ser un centro de diversión, reunión, discusión, reflexión; un lugar en el cual se compartan ideas, opiniones, posturas, visiones; perspectivas de nuestra realidad, de México, del mundo, de la vida. Quiero que la gente disfrute al son de nuestras palabras y que de vez en cuando decidan acompañar su pulque de cada día con una salsa llena de ideas picantes, de las que no son fáciles de digerir.

La invitación está hecha para cada lunes visitarme en esta pulquería en la que estaré como un tlachiquero raspando el maguey del lenguaje y las ideas, para obtener ese dulce néctar de palabras cuya fermentación nos entregará textos, narraciones y reflexiones, semana tras semana para verter en el tinacal de La Pulquería.

Twitter: CorvusPhil

Publicado por Unknown en 9:22 1 comentarios
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Etiquetas: Christian Guerrero, Corvus, cultura, historia, México, Pulque, pulquería, Tlachiquero de palabras, tradición

18 junio 2011

Más vale solo que mal acompañado.

Apenas leí el tema de la semana, me rehusé a asimilarlo. ¿Cómo se atrevería alguien a no querer releer un libro? Siempre hay nuevas perspectivas y aprendizajes que le ayudan a uno a descifrar nuevos códigos, así que me dispuse a negarme a pensar en lo que escribiría. Aproximadamente 24 horas antes del jueves, día que me tocaría postear, me había desenmascarado y encontrado aquél libro al que no le daría la satisfacción de hacerme perder otros 6 meses de mi vida… sí, 6 meses, aunque cabe aclarar que lo abandoné 5 por la aburrición que me provocó.

(Pues antes de continuar expreso mi más sincera disculpa por el atraso, esta vida de NO nini puede ser muy absorbente y agotadora).

Pues ahí me encontraba yo leyendo un libro multiganador de páginas y artículos en los mejores espacios de discusión literaria, favorita de gente importante en mi vida (mi padre por ejemplo) por un autor más famoso que la Catsup –al menos entre lectores- y no me intimidé por el grosor ni el árbol genealógico del principio.

Pues a las 2 semanas, varios capítulos después, opté por descansar de él e insertarme en otros libros, 5 meses después recordé su existencia y lo desempolvé, seguí leyendo, obviamente intercalando con otras lecturas que me motivasen a seguir leyendo y no terminar con muchos puntos de IQ menos.

Mi confusión entre los personajes y eras crecía y disminuía (usualmente por ayuda del árbol genealógico ya mencionado) y esto aunado y los periodos de abandono. Finalmente logré llegar al final, debo admitir que éste fue ÉPICO, pero para nada suficientemente fuerte para salvar las otras 568 páginas.

Pues sí, espero no causar ningún conflicto, controversia o perder follogüers, pero el libro que no volvería a leer es “100 años de soledad”… aunque mi padre diga y rediga que Macondo bien podría ser cualquier pueblo de Tabasco por remoto, exótico, caluroso, lluvioso e incestoso, aunque MAR-GA-RI-TA (léase en tono de la diosa de la cumbia) reina de la semiótica o Bobby-el-divo digan que es EL pináculo e hito de la literatura latinoamericana (que claro que lo es), bajo ninguna circunstancia de vida o muerte volvería a leerlo, preferiría que la Señorita Laura y Niurka me fuetearan mientras leo la biblia.

Publicado por YaïrML en 13:57 3 comentarios
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Etiquetas: Curado de naranja, libros, literatura latinoamericana, YaïrML

17 junio 2011

Justina

Justina fue un libro que leí hace varios años, sin tener una pista del autor: El Marqués de Sade. La verdad es que el nombre no me sonaba para nada familiar y yo ingenuo leí el libro.

Ese libro no me dejó dormir mucho tiempo, de sólo recordar alguna de las escenas descritas.

Justina es una niña que queda huérfana, siendo su hermana su única comoañía. Ella trata por todo ser una niña "bien", entrar a conventos, iglesias, y demás instituciones que ella creía que eran de "buenas personas". Tiene que huir de todos lados porque es violada, golpeada y torturada por padres, monjas, y demás personajes de la manera más enferma que alguien pudiera pensar. Mientras ella trata de ser niña buena, su hermana se dedica a la prostitución. Y mientras ella sufre por muchos años de maltrato, pobreza y de vivir en la calle, su hermana se encuentra haciendo dinero de sus "trabajitos".

Espero me perdonen, pero les platicaré el final: Se encuentra con su hermana y ella, al ver a Justina y causarle lástima por la calidad de su ropa, su mirada agónica, y sus marcas de maltrato, la invita a vivir a su mansión, donde esa misma noche, la mata un rayo.

And that's it.

Después me enteré que existían más libros de este peculiar autor, tales como "120 días de sodoma". Los cuales sólo me limité a hojear para ver si había algo que no torciera mi inocente mente. Pero no, mientras más me topaba con estos libros, más me sorprendía de lo enfermo que puede ser un humano. Con el paso de los años fui enterándome otras situaciones de la vida del autor, como cuando estuvo en la cárcel y escribía sus libros con sus propios desechos, o con su propia sangre.

Si son de mente curiosa y nada les afecta, léanlo, pero yo -por el momento- no estoy interesado en volver a leer nada por el estilo. Digamos que eso del sadomasoquismo y similares, no es lo mío.


Publicado por leo en 15:48 1 comentarios
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Etiquetas: lecturas
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